Por Carmen Morente Muñoz (*)
Portada Marina Cultelli, Oleo pastel (**)
Me pongo a escribir estas notas sin un objetivo definido. Quizás, sea la necesidad de convertir lo que siento en capital no tangible, compartir lo que con modestia he acumulado en la memoria y el corazón, convirtiéndolo en eso que ahora llaman “sororidad”, sí, creo que esto es lo que me inspira o me obliga a hacerlo. Y si lo hago es después de años de estudio del movimiento de mujeres en dicho país y de mi conocimiento “a pie de tierra” de las mujeres del pueblo venezolano; a punto estuve, alentada por el profesor Julio Pérez Serrano, de hacer la tesis doctoral sobre el tema, pero lo mío no es la academia sino el activismo militante.
Al menos en 10 ocasiones he estado en Venezuela y, al menos en 8 de estas 10 ocasiones, invitada (que no pagada) por el movimiento de mujeres del país. He compartido con ellas trincheras, debates, reuniones, paseos por los barrios, entrevistas, he vivido en sus hogares, y en todas las ocasiones el sentimiento más claro que he sentido ha sido el del reconocimiento y gratitud.
(Iré intercalando unas notas explicativas que pondré entre paréntesis y en negrita)
El 8 de marzo de 2002 estaba en Caracas y, por supuesto, me fui a la manifestación de las mujeres. En esta ocasión se produjeron dos manifestaciones: una, pequeña, convocada por el sector de derechas del movimiento; y otra, muy masiva, la convocada por el movimiento democrático de mujeres. Como es natural, me sumé a la segunda. Algunas mujeres con megáfonos pedían la libertad para Lina Ron. No entendía nada y pregunté. Me explicaron: Lina Ron era una dirigente popular que estaba presa por haber “disuelto” con un bate de beisbol (no iba sola, claro, pero sí comandaba), una reunión de escuálidos (fascistas) que conspiraban contra el presidente Chávez. Luego Lina salió de la cárcel. Tuve ocasión de conocerla en persona cuando ya había creado un partido político denominado UPV (Unidad Popular Venezolana), había ocupado una plaza en el centro de Caracas y sin pedir permiso ni encomendarse a nadie, allí estableció su “cuartel general” (no es un eufemismo, pues iba vestida con ropa militar, tenía su Estado Mayor, se hacían denominar con cargos militares, ella era la “comandanta Lina Ron”). Lina casi había acabado la carrera de Medicina, pero la lucha social a favor de los pobres había variado la dirección de su vida. Se hizo famosa en los barrios pobres de Caracas, antes de la llegada de Hugo Chávez, por organizar las “ollas populares”, no había quien pudiera con ella. Murió hace unos años de un cáncer de mama, pero su partido siguió dentro del Gran Polo Patriótico y en la actualidad tiene representación parlamentaria; en las manifestaciones aportan vibrantes grupos muy organizados que gritan consignas sin parar. Lina es nombrada en los discursos públicos como una heroína popular que toda la izquierda y el movimiento popular reivindica. Existen edificios públicos que llevan su nombre.
La segunda mujer que me impactó sobre manera fue María León (ayer la veía en la reinstalación del curso legislativo 2026 de la Asamblea Nacional, pues es diputada). Cuando la conocí, también en 2002, ya era presidenta del Instituto Nacional de la Mujer. Veréis, en la mayor parte de los países de Latinoamérica y El Caribe, existe el UNAMUJER que ha sido una institución benéfica para brillo de las “primeras damas”. Pero en Venezuela, el movimiento de mujeres (que en ese momento agrupaba a todos los sectores), al amparo de la Revolución Bolivariana, decidió dar un giro de 180º a esta institución, convirtiéndola en una institución democrática, participativa y con una ideología clara de género, y pasó a llamarse INAMUJER. Fijaos en el prestigio que acumulaba María León que el movimiento de mujeres de todo signo ideológico apoyó su nombramiento. María era entonces una dirigente del PCV, en su trayectoria política contaba con un pasado guerrillero, perseguida cuando ya era madre fue sacada del país y vivió una etapa en Checoslovaquia. María, ya de mayor, estudió lo que aquí llamaríamos Trabajo Social y se desempeñó trabajando en defensa de los derechos de las mujeres de todo tipo. En la actualidad es diputada por el Gran Polo Patriótico, es miembro de la dirección del PSUV y ha sido gobernadora del Estado Aragua durante un periodo.
(La primera Constitución y única en el mundo escrita con lenguaje inclusivo es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999; y es la única a nivel mundial que reconoce el trabajo doméstico y de cuidados como generador de valor económico añadido; esta ha sido una reivindicación del movimiento feminista más radical a nivel mundial, pero como se consagró por primera vez en Venezuela, deja de tener importancia)
La tercera mujer fue Olga Luzardo, una bella indígena de Maracaibo, a la que conocí cuando ya anciana estaba ciega; a pesar de su edad y circunstancias mantenía una fuerza y altivez impresionantes. Fue fundadora del “sindicato de la aguja”, ¡qué nombre tan lindo!, y desde joven comenzó en la lucha política y sindical. Aunque ella no me lo contó en la entrevista que le realicé, sus íntimos me contaron dos magníficas anécdotas. Siendo diputada en los tiempos de la IV República se le acercó a saludarla Carlos Andrés Pérez, que había sido ministro del Interior en la época de la represión salvaje de los años 70 y 80 en Venezuela. Olga, ni corta ni perezosa, le dio una bofetada en público y le dedicó unas palabras.
La otra anécdota tiene que ver con el presidente Chávez. En una reunión el presidente Chávez estaba saludando a todo el mundo y se acercó a la vieja Olga para darle un abrazo y un par de besos; ella, como siempre, muy digna y altiva lo apartó cuando se le acercaba y le dijo: – Cuando beses a los hombres al saludarlos, me besarás a mí. Genio y figura hasta la sepultura, que dice el dicho.
(El 60% de los hogares en Venezuela, al inicio de la Revolución Bolivariana, estaban regidos por “jefas de hogar”, es posible que esta cifra, por desgracia, no haya variado mucho hasta el presente. He explicado un millón de veces a Roque, mi marido, este aspecto y no llega a comprenderlo, pero es muy simple: cualquier hombre en Venezuela deja embarazada a una mujer y a continuación se larga y la historia vuelve a repetirse hasta la saciedad, por eso hay tantas “jefas de hogar”, es decir, mujeres solas a cargo de la prole de distintos padres)
La cuarta mujer que voy a presentaros es a Olga Dranic, ya fallecida. Profesora de la Universidad Central de Venezuela, en la Facultad de Comunicación (Periodismo). Siempre que viajaba a Venezuela sacaba un rato libre para ir a su casa a visitarla. Lo pasaba muy bien con ella, fumando, bebiendo ron o whisky, y conversando sobre lo humano y lo divino. En las últimas ocasiones en que nos vimos estaba muy dolida por la situación y el mal hacer de los medios de comunicación. Siempre me decía, “Morente, me da vergüenza decir que he sido maestra de periodistas, ¿qué hicimos tal mal?”. Siempre me regalaba algún libro de su magnífica biblioteca.
La quinta mujer es Modaira Rubio, a quien yo puse el sobrenombre de “sirena del Caribe” y le dediqué algunos poemas, mucho más joven que yo. Máster en género me contaba entre risas que cuando entró en la Universidad Central donde se había matriculado en el máster de género, después de haberse licenciado en comunicación, le dijeron que se había equivocado porque la vieron joven, vestida con ropa vaporosa, con largos pendientes de plumas que colgaban hasta los hombros, labios rojos a reventar y tacones inverosímiles. Profesora de la Universidad Bolivariana decidió regresar a su ciudad, Barinas, y está dedicada a los medios comunitarios y entregada a la lucha contra el feminicidio.
(Hará como diez años Lidia Falcón visitó la Facultad de Ciencias, invitada por el Seminario Otro Pensamiento es Posible de la UGR, donde impartió una conferencia. Yo había leído los artículos que sobre la mujer venezolana había escrito en Público y a la salida de la actividad la abordé y la felicité por su trabajo. Hablamos de las mujeres venezolanas que ambas habíamos conocido, algunas de las cuales aparecen en este escrito. Lidia me comentó que estaba espantada por las duras críticas que había recibido de algunas feministas españolas jóvenes; el sectarismo y eurocentrismo eran los hilos conductores de dichas críticas)
La sexta mujer, Rita Blanco. También comunicadora, fue una reportera muy famosa de TV durante su juventud, pasando con posterioridad al equipo de medios de la Cancillería del Gobierno. Me contaba que, de niña, su padre le decía que era tan linda como una estrella para que fuera orgullosa de su origen indígena. Me sorprendía que cuando íbamos en coche, en cada semáforo, en cada tapón en el tráfico endiablado de Caracas, aprovechaba para rezar el rosario y para besar una estampita del entonces beato José Gregorio Hernández (hecho “santo” por el Papa Francisco). También María León, antes de salir a la calle cada mañana, besaba tres medallitas que llevaba colgadas: la virgen de Coromoto, la de María Lionza (culto de origen indígena) y la de José Gregorio Hernández.
(Estando en 2003 en Caracas, portando una bandera de Andalucía, me abordó Juan Haro Cuesta, profesor de antropología de la Universidad Central de Venezuela (doctorado en la Universidad de Málaga), de origen malagueño-almeriense, estar con él era partirse de la risa; alto, rubio y de ojos azules se había criado en Barlovento entre una multitud de negros; especialista en contar chistes en los que aparecían Bolívar y el caudillo Páez). Un día me llevó a San Antonio de los Altos por la carretera interior para que viera los lugares que por allí existían de culto a María Lionza; si había coches en la cuneta no podríamos acercarnos, pues esto significaba que había alguien “fumándole el tabaco a María Lionza”, yo escuchaba con atención. En un momento determinado Juan me dijo: – Morente, soy ateo, pero te digo una cosa: o tú esto lo comprendes, o no entenderás nada de lo que pasa en Venezuela”)
Con Rita aprendí hasta qué punto el comunitarismo afroindígena está presente aún hoy en el pueblo venezolano. Conocí a Herminia, la hermana de Rita, abogada y fiscal en el estado Nueva Esparta. Hasta que ambas me visitaron en mi casa en Atarfe tiempo después no supe que no eran hermanas. Es muy frecuente en Venezuela que la gente de los sectores populares “apadrine” a niños o niñas con problemas sin que medie papel alguno de por medio. Después conocí muchos casos más. Fijaos, Rita se levantaba una hora antes de lo necesario para preparar café o caldo y llevárselo al vigilante de una obra próxima a su domicilio y a algún que otro “borrachito” de la calle; en la puerta de la Catedral de Caracas tenía otro protegido y siempre que pasábamos por allí lo buscaba y resolvía con él problemas de todo tipo. Siendo reportera, en la calle, con el micrófono en la mano, una mujer joven se le acercó para “entregarle” a su hijo; ella lo apadrinó y ha estado toda la vida pendiente de su salud, de sus estudios y luchó enconadamente para que ese joven de clase tan humilde pudiera ingresar en la universidad porque no le daban “cupo”. Ahora, tras Chávez, el ingreso en las universidades, que han aumentado en número de forma espectacular, es libre, se acabaron los “cupos”.
Acciones que nada tienen que ver con el limosneo hipócrita, pues implican un compromiso de por vida. Este “comunitarismo” ha servido mucho al pueblo de Venezuela para afrontar las dificultades que la oligarquía blanca del país le ha impuesto. Cuando la “huelga petrolera” de 2002-2003, la “chusma”, los “tierruos” (que no llevan zapatos) y los “desdentados”, así denomina la oligarquía blanca al pueblo, se agruparon en las calles para poder hacer comidas colectivas en fogatas (no había gas), para llevar a los niños y a las niñas a las escuelas (se quedaron sin gasolina), etc., así lograron resistir.
(La democracia venezolana se define como representativa, participativa y protagónica. Estos aspectos novedosos no son una fórmula escrita negro sobre blanco, son principios que rigen en toda la vida pública y que las mujeres se tomaron como suyos “a las bravas”; el papel, hoy, de la mujer venezolana en la vida pública y, en concreto en el Poder Popular es, según los casos, como mínimo superior al 60%)
Las “vigilias” son una forma de manifestación típica de América Latina. La gente se reúne en un lugar emblemático, se llevan sus mesas, sillas y termos de café o la matera, como señal de protesta por algún acontecimiento político o como muestra de solidaridad. Pueden durar días o más. Allí te topas con las mujeres del movimiento popular, que han dejado a sus hijos pequeños al cuidado de las abuelas vecinales. Yo me acercaba y me presentaba, me daban una silla y un vaso de “guayoyo” azucaradísimo, ¡cuánto café azucarado no habré bebido, yo, que no soporto el azúcar! y me lo explicaban todo, incluida su vida cotidiana, los divorcios “de hecho” acumulados, etc.
Cuando se inició la “Misión Robinson” para alfabetizar a la población en la época del presidente Chávez, ponían mesas en sitios muy transitados para captar a las personas analfabetas, llevar un registro, y darles la información precisa de cómo se podían inscribir en el programa. Cientos de miles de mujeres fueron alfabetizadas; en los “cerros” (barrios populares de Caracas) y en las zonas rurales más abandonadas, allí estaban las mujeres alfabetizadoras, solo se necesitaba un espacio (que podía ser una casa particular) y un televisor con lector de DVDs para seguir el método cubano “Yo sí puedo”. Tras la Misión Robinson llegó la Misión Rivas para que el pueblo accediera a la educación primaria y media; de aquí el aumento vertiginoso de estudiantes universitarios en el país.
Hoy, el Tribunal Superior de Justicia de Venezuela está dirigido por una mujer. Caracas (Municipio Libertador) tiene como alcaldesa a una militar de alta graduación, la generala Carmen Meléndez, que obtuvo una votación altísima. Hay varias gobernadoras de Estados y están muy representadas en la Asamblea Nacional (he intentado averiguar el número exacto, pero no he podido); son 6 ministras. En época de Chávez los 5 poderes del Estado (en Venezuela hay cinco poderes: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano), durante un largo periodo, estuvieron ocupados por mujeres (algunas resultaron un fiasco, desde luego, ser mujer no es condición para ser leal o ética).
(La Revolución Bolivariana ha cultivado el reconocimiento de las mujeres en la Historia de Venezuela. El presidente Chávez era muy estricto con este asunto, y no dejaba pasar ni una. Las mujeres indígenas, las patriotas, las cultivadoras, las tejedoras, etc., siempre estaban presentes en sus discursos y, “simbólicamente” hizo llevar al Panteón Nacional los “restos” de las mujeres de origen popular que lucharon contra la invasión española y, luego, combatieron en los ejércitos libertadores; entre ellas Manuela Sáenz o Luisa Cáceres de Arismendi; en la avenida Baralt de Caracas la pared de un alto edificio, cientos de metros cuadrados, está ocupado con un mural en el que podemos ver a Bolívar y a Manuela a caballo, besándose. Os confieso que a mí llega a hartarme el lenguaje inclusivo en todas las expresiones públicas en Venezuela, pues las intervenciones se alargan y alargan; ningún dirigente político deja de usarlo ni se equivoca ni una sola vez…)
La séptima mujer que os quiero presentar es una prostituta que me dejó pasmada. No os puedo decir su nombre porque no llegué a saberlo. Había sido un día difícil con muchas reuniones larguísimas que se celebraban en el Teatro Municipal de Caracas. Un día fuerte de calor y humedad. A media tarde decidí acercarme al hotel Catedral, que en realidad durante determinadas horas era un “picadero”, para lavarme. Esperando que el ascensor bajara, pude escuchar la conversación de una pareja que estaba delante de mí. Una mujer relativamente joven y un señor de más de 50 años, con guayabera y zapatos de charol con punta. Él se puso a rajar del Gobierno y de Chávez; entonces fue cuando ella, sin tan siquiera mirarlo, le dijo: – Mira, papito, tú eres un escuálido porque cuando te miras al espejo te ves “catire” (blanco) y eso te lleva a no saber quién eres. Yo, sin embargo, como soy negra, me mire o no me mire al espejo, tengo claro que soy chavista. Cuando ya el ascensor estaba llegando, me dirigí a ella y le pregunté si podía besarla y ella, sorprendida, me dijo que sí. Y la besé. Estuve a punto de preguntarle cuánto le iba a pagar el viejo por sus “servicios”, para decirle que yo le pagaba ese dinero y que nos podríamos ir juntas a tomar un café, pero la prudencia y la vergüenza me hicieron callar. Pero fue una lección esplendorosa.
(Es una leyenda urbana que Hugo Chávez llegó a la Presidencia de la República gracias al voto de los sectores más humildes de la población en 1998. No es cierto por la sencilla razón de que esos sectores no tenían derecho al voto porque no tenían cédula de identidad; entre ellos más de 2 millones y medio de colombianos y colombianas que durante décadas llegaron huyendo de la guerra interna en Colombia, muchos de ellos de tercera generación. Sí, tres generaciones sin papeles. Así como cientos de miles de venezolanos y venezolanas de origen que no sabían leer ni escribir y, por ello, estaban privados de la credencial electoral. A Chávez lo aupó la clase media venezolana, harta de la pérdida de nivel adquisitivo y de las mentiras permanentes del bipartidismo, una postura de castigo electoral. Esta situación varió rápidamente, pues a través de la Misión Identidad, millones de hombres y mujeres que habitaban Venezuela pudieron regularizar su situación; el ascenso de estos sectores, la alfabetización, la adquisición de derechos educativos, sanitarios y de vivienda intimidaron a las clases medias, a las que, por cierto, el primer Gobierno de Chávez reconoció la deuda atrasada y recibieron un dineral, pero la clase media venezolana no estaba pensando en que el beneficio llegara al resto de sectores pues se podrían aproximar peligrosamente a su situación elitista)
La mujer venezolana de los sectores populares, la inmensa mayoría de la población de mujeres del país, amaban y aman a Chávez de manera profunda. Según la edad, para ellas Chávez era su hijo, su padre o su hermano. En todos los lugares donde me he reunido con mujeres venezolanas, si ha aparecido el presidente Chávez, el escándalo que se armaba era terrible. En una ocasión, en una reunión de la FDIM que se celebraba en el teatro Teresa Carreño, haciendo la cola para pasar por el servicio de seguridad que revisaba bolsos y mochilas, apareció una joven madre con su bebe prendido del pecho; el servicio de protocolo le explicó que no podían entrar, por seguridad, niños o niñas menores de 16 años. La joven madre lloraba y lloraba; seguida de algunas mujeres la llevaron a un salón y siguieron las explicaciones y le ofrecieron toda la ayuda que podía necesitar ella o el bebé (¡había llegado desde el estado Trujillo en autobús!); no supe cómo se resolvió el problema, pero estoy segura de que consiguió ver al presidente Chávez al que quería pedirle que le solventara un problema… o simplemente, que le bendijera al bebé. La relación de las mujeres con Chávez era íntima, sincera, familiar. Los hijos e hijas, en cualquier hogar venezolano, antes de marchar para sus tareas, piden la bendición de los mayores de la familia.
El cuidado extremo que el presidente Chávez tuvo hacia las mujeres del pueblo ha permanecido activo tras su fallecimiento. En época de Chávez fue, por ejemplo, la Misión Madres del Barrio, que promocionó y favoreció a las mujeres más humildes. En época del presidente Maduro es la Gran Misión Mujer Venezuela, en la que están inscritas 6.350.000 mujeres. En las Leyes Habilitantes firmadas por Chávez en 2001, y que ocasionaron el golpe de Estado de abril de 2002, estuvo la de Reforma Agraria que, entre otras cosas, daba prioridad a las mujeres campesinas “jefas de hogar” en el reparto de tierras. Igual ocurrió con la Gran Misión Vivienda Venezuela, las mujeres “jefas de hogar” tienen prioridad a la hora de entrega de una vivienda Otras Misiones universales como Misión Sonrisa (que ha permitido acceder a la atención odontológica y a las prótesis dentales; aquí en Granada se doctoró un joven odontólogo venezolano quien, a su vuelta, llegó a ser el director de esta Misión; un joven “gocho” (andino) muy simpático; la Misión José Gregorio Hernández para atender a todos los discapacitados y discapacitadas del país quienes, en muchos casos, vivían ocultos en sus hogares atendidos por las abuelas, fueron localizados y atendidos. Y otras muchas leyes, como la que consiguió que todos los adultos y las adultas mayores tuvieran derecho a una pensión, etc., todas estas Misiones y Leyes
han supuesto un reconocido ascenso social, económico y cultural para las mujeres. ¡Coño, se me olvidaba! La creación del Banco de la Mujer, BANMUJER, un banco público cuyos fondos están dedicados a financiar proyectos de las mujeres de sectores populares. Estuvo dirigido por Nora Castañeda, una indiecita ya fallecida, una mujer a quien pude conocer, dirigente de Liga Socialista, un partido de corte cristiano marxista, el mismo partido donde militaba Jorge Antonio Rodríguez, padre de Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez, dirigente magisterial que fue asesinado en los calabozos de la antigua DSIP en 1976. La presidenta de BANMUJER en el estado Bolívar estuvo en Granada, invitada por la Plataforma Simón Bolívar. En Políticas dio una conferencia que provocó mucho interés; os comento un detalle: asistió un técnico de la Caja de Ahorros de Granada, que conocía BANMUJER y quien, tras la conferencia, estuvo un rato hablando con Angélica (lamento no recordar el apellido).
(Y sí, voy a ir acabando porque lo que pretendía que fueran unas “notas” se está convirtiendo en “el testamento de una loca”.
NO EXISTE EL ABORTO LIBRE EN VENEZUELA, SOLO EL TERAPÉUTICO. El tema del aborto libre fue motivo de mucha polémica en las Cortes Constituyente de 1999, recuerdo a María León (el proyecto de Constitución se debatió por sectores en todo el país), muy brava con este asunto. Al final, si no se retiraba la propuesta del aborto libre, la Constitución no se iba a aprobar en referéndum. Una lástima y el tema queda pendiente en la agenda de género.
LAS RELACIONES DE LA COMUNIDAD “SEXODIVERSA” (así es como se denomina en Venezuela en la actualidad) DEJARON DE SER CONSTITUTIVAS DE DELITO, ESTÁN RECONOCIDAS, PERO NO EXISTE PARA ESTE COLECTIVO EL MATRIMONIO CIVIL. El colectivo es nombrado en actos públicos y posee organizaciones propias)
(Tomado de Mate Amargo)
(*) Carmen Morente Muñoz, Miembro de la Asociación Historia Actual. Militante internacionalista. Escribe regularmente en el periódico El Otro País de este Mundo. Escritora y ensayista
(**) Marina Cultelli: Es una de las artistas uruguayas contemporáneas más versátiles, integrante de la RedH y de su colectivo feminista Libertadoras. Es Licenciada en Artes Escénicas, Magister y fue Profesora en Facultad de Artes (UDELAR), donde integró órganos directivos además de dictar cursos en otras universidades latinoamericanas. Recibió premios nacionales e internacionales. Fue Asesora en Educación y Arte. Desarrolló trayectoria teatral y es autora de varias publicaciones individuales y colectivas. Realizó exposiciones de pintura y performances.


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